Facebook Twitter Google +1     Admin

Se muestran los artículos pertenecientes a Septiembre de 2009.

Rafael Correa: En América del Sur somos víctimas del gobierno colombiano

20090903230258-correaunasur1.jpg

Ida Garberi * 
 
 
“El viejo luchador, Eloy Alfaro, decía algo que creemos debe ser invocado ahora, en este tiempo en el que la Revolución Ciudadana se hace carne en cada ecuatoriano: cuando un pueblo despierta, cada palabra es una esperanza, cada paso es una victoria”.
Rafael Correa 
 
 
En la reunión de la Unión de las Naciones Suramericanas (UNASUR) del 28 de agosto de 2009, ocurió algo inesperado, casi, por una alquimia imprevista, los 12 gobernantes de los países miembros (Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, Guyana, Paraguay, Perú, Suriname, Uruguay y Venezuela) firmaron una declaración donde ratifican que América del Sur es una zona de paz, dónde la mutua confianza no puede permitir que la instalación de bases militares extranjeras amenace la integridad y la soberanía de cualquiera nación suramericana. 
Quizás no todos saben que UNASUR comprende bien 386.529.000 millones de personas (dato del 2008). 
Al dirigir la reunión, fue el presidente pro tempore de la asociación, Rafael Correa Delgado, presidente de la nación ecuatoriana. 
Es verdad que, como afirmó Evo Morales, presidente boliviano, todo fue positivo, a pesar de que antes de la reunión parecía que allí había una profunda división entre ciertos presidentes, pero al final, todos aceptaron la declaración. 
¿Pero por qué los presidentes de 12 países de la América del Sur tuvieron que reunirse y decretar la no conformidad hacia la actuación del gobierno colombiano? Porque este gobierno, en la persona de Álvaro Uribe cedió siete bases militares a los yanquis. 
El valiente presidente Correa rechazó duramente el hecho de que, una vez más, tienen que ser los norteamericanos lo que deciden la suerte de uno de los continentes más ricos en recursos naturales, amenazando y asediando los gobiernos progresistas que no obedecen ya a sus órdenes, que no aceptan ser una colonia por más tiempo. 
Correa presentó un interesante expediente sobre la situación de las fronteras con Colombia, donde Ecuador tiene empeñados a 1500 hombres de un operativo especial, más 10000 militares que existen desde hace tiempo en la zona para combatir el narcotráfico, los paramilitares y los efectivos de la guerrilla colombianos, que buscan refugio en el vecino país. Con la excusa de ayudar el gobierno colombiano, que no está haciendo en realidad nada para solucionar estos problemas, los yanquis, una vez establecidos en las bases, tendrían el control total sobre el continente. 
En la cumbre del UNASUR, Correa se dirigió a los ciudadanos colombianos y a las ciudadanas colombianas ofreciéndoles asilo político y ayuda en el territorio ecuatoriano, un hecho más único que raro, en un planeta donde prácticamente los países del primer mundo consideran la inmigración un crimen y a los emigrantes carne de matadero, sin ningún derecho a la vida. 
(Y no intentáis protestar contra la ley de seguridad italiana, que trata justo este espinoso tema, de otro modo, nuestro querido Berlusconi se encargará de cerraros la boca sacándoos todos los derechos a la crítica, sobre todo si sois eurodiputados de la comunidad europea y “el pequeño hombre” amenazará con parar los trabajos del mismo parlamento).   
En cambio Correa creó un ministerio exclusivo para emigrantes, exiliados de la pobreza, y este proyecto se dedica a ayudar a los desterrados para regresar a su patria de origen, con financiamientos para la adquisición de una nueva casa y facilidades para encontrar trabajo. 
Este presidente ecuatoriano es justamente sui generis, no hace nada de lo que los países ricos quisieran de su patio trasero. 
Volviendo al tema, ¿pero por qué el presidente Correa pudo librarse de la base militar norteamericana de Manta y logró mandar a casa a los intrusos?
Porque es un presidente digno, que defiende la soberanía de su pueblo y, como afirmó en su discurso de posesión del 10 agosto del 2009, “nosotros, los hombres libres, venceremos a los agenciosos recaderos del imperialismo”. 
No quisiera equivocarme, pero aquí el recadero de los Estados Unidos es el propio Uribe, que no puede hacer otra cosa que obedecer a los dueños de su suerte: como Attilio Boron escribe en uno de sus últimos artículos, “El espejo de Uribe”, los EE.UU. desde el 1991 están construyendo un expediente infernal, donde son transcritas todas las gamberradas del “pequeño” delincuente, que demuestran su connivencia con los paramilitares y el narcotráfico. 
En el 2004 el Archivo general de la seguridad de los Estados Unidos dio a conocer un documento que demuestra la complicidad de Uribe con uno de los más grandes narcotraficantes de la historia de Colombia (y quizás del mundo): Pablo Escobar, jefe del cártel de Medellín. 
El expediente se puede ver en esta dirección: 
http://www.gwu.edu/~nsarchiv/NSAEBB/NSAEBB131/dia910923.pdf 
Los EE.UU. harán bailar su marioneta mientran piensen que sea útil y luego, a lo mejor la tirarán, sacando el as de la manga con las acusaciones de narcotráfico y la condenarán a cadena perpetua, callándola para siempre, como ya le ocurió a Noriega, ex presidente panameño. 
Desafortunadamente yo no tengo la receta para saber cómo se podrá neutralizar este peligro latente de ataque militar norteamericano, que provocaría una tercera guerra mundial: además la crisis financiera no nos ayuda, los yanquis ya demonstraron dos veces que quieren solucionarla en un baño de sangre. 
Personalmente creo que la esperanza debería llegarnos de la fuerza del pueblo hondureño, que está resistiendo pacíficamente hace más de dos meses al golpe de estado, que le robó a su legítimo presidente Zelaya; de la voluntad de la esposa del presidente democraticamente electo y de su hija, que saben conducir la nación a la resistencia desde el corazón del país. 
No creo que en América Latina se pueda establecer a otro Pinochet, como Miguel D’Escoto afirmó en La Habana, porque los pueblos del continente saben bien lo que representan la oligarquía y la derecha capitalista, que siempre serán antidemocráticas, dispuestas a matar presidentes honestos y “antipueblo”. 
El sacerdote D’Escoto afirmó que le pide a Dios que le pueda dar fuerza y ánimo al presidente Obama para obrar el cambio que tanto prometió, y nos saque de la duda, que ya es casi una certeza, que tras el golpe en Honduras se esconde la “Mano Pachona” (espiritu maligno) del imperio.  
  
 *la autora es la responsable del sitio web en italiano de Prensa Latina 
 
 

03/09/2009 17:02 Ida Garberi Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Celia Hart: un año, al decir de Martí, en las agitaciones excelsas de la gloria

20090908212021-celiarebelde.jpg

Ida Garberi y Manuela David Orrio
      

 
 
La Habana, 09/09/ 07.- Celia Hart Santamaría cumple hoy un año, al decir de Martí, en las agitaciones excelsas de la gloria. Su muerte, en trágico accidente, no ha sido más que el tránsito hacia un estado de convocatoria revolucionaria que emana de sus escritos públicos e inéditos. Mucho de su obra como escritora de la Revolución aún permanece por conocerse, aunque se irá conociendo. Familiares, colegas y amigos peregrinaron en la mañana de hoy a su tumba, donde NO REPOSA junto a su hermano Abel, sino que nos incita al pensar antidogmático.
Celia vive en sus textos, en su intransigencia revolucionaria y en su irreverencia no menos revolucionaria. Heredó de su padre la fuerza teórica y de su madre la sensibilidad exquisita. Hoy, en su tumba, los girasoles buscan el sol y las rosas nos cuentan de su pasión por Martí.
Celia, poco conocida por el pueblo cubano en tanto que escritora, merece ser, como nos expresó un familiar, “profeta en su tierra”. La Editorial Capiro publicó recientemente su libro póstumo Haydée: del Moncada a Casa, donde rinde homenaje a su madre, la Heroína del Moncada Haydée Santamaría. Es sólo un primer esfuerzo; pronto verá la luz su estrecha relación epistolar con Los Cinco Héroes Prisioneros del Imperio, en particular su correspondencia con Antonio Guerrero.
De aquel, su libro póstumo, ofrecemos el emotivo prólogo que escribió para el mismo, cuya lectura la hace merecedora de un título: Mariposa de la Cultura Cubana.

DEL MONCADA A CASA: LOS AMORES DE HAYDÉE
Celia Hart Santamaría


Menos mal que existe
los que no tienen nada que perder,
ni siquiera la muerte.
. . . . . . . . . . . . . . . . . .
Se mueren
sin decir de qué muerte,
sabiendo
que en la gloria también se está muerto.
Silvio Rodríguez (1)



Después de tantos años, todavía Mama nos moviliza a mi hermano y a mí con su presencia. Sin hablar, Abel (2) y yo sentimos latir su corazón en cada pieza que salió de su casa; y percibimos que su criterio, agudo e inteligente, es el que cambia una comadrita (3) o un florero de sitio. Cuanto tenemos, no nos ha pertenecido nunca; no heredamos nada; de alguna forma, ella así lo dispuso y así fue. El amor y la fuerza con que concebía todo, protege su propiedad. Su estirpe es más dimensionada que la de los revolucionarios, y sí que fue revolucionaria.
Creo no haber tenido tan cerca un ejemplo mejor; pero para imaginarla bien, para que mis hijos y los vuestros la conozcan, traten de integrar la independencia de una Simone de Beauvoir (4) con la pureza de una Juana de Arco(5),o más simple: la poesía intimista de Anne Sexton y su Wating of Die(6) con el compromiso frontal, arraigado y único de la revolución de Fidel Castro, en la que comenzó a vivir desde sus mismos inicios, como anuncia a gritos el título de este libro. Revolución que entró por la estrecha puerta del apartamento de 25 y O que ella se preocupaba por limpiar en el Vedado (7) y que fue la razón de toda su existencia.Esta misma revolución .que al cabo de cincuenta años parece ser la revolución mundial, cambió sus primeros pañales húmedos en el alma de esta mujer que, azarosamente, fue también mi madre.
Muchas veces me dijo que desde el inicio confió en Fidel de forma total y que, para ella y para Abel (8), Fidel debería estar vivo por mucho tiempo. De esto no tenemos dudas ahora, pero hace medio siglo sólo la luz especial que brilló en estos Santamaría pudo ofrecer la señal de la importancia de un Fidel Castro para la Revolución Cubana.
En la carta que les enviara a mis abuelos desde la cárcel de mujeres en Guanajay (9) con una ingenuidad casi infantil invita a su madre a que sea feliz en la muerte de Abel, y augura cambios «grandes y profundos», los cuales se hicieron verdad. Mi abuela, una española convencida, terminó sus días luchando por su Central Constancia con fervor apasionado y militando en las filas del Partido Comunista.
Pero, así y todo, el Moncada fue apenas la punta del iceberg. No creo que nadie que la conociera con esta intensidad pudiese sostener que «Haydée no soportó el Moncada» y que no pudo sobrevivir a los ojos de Abel sumergidos dentro de una palangana. Luego de eso fue mucho más rica e hizo mucho más. La muerte de Abel fue la muerte de su primer gran amor, del cual sacó siempre fuerza y nunca debilidad. Sabía que estaba en el vórtice del ciclón, como todos los iluminados. El Moncada, Boris (10) y Abel fueron apenas un buen comienzo para esta mujer.
No se me ocurre ahora, por ejemplo, cómo Fidel iba a conseguir que no fuera al hospital civil, por peligroso que pareciera. Desde que planchaba con sus manos excesivamente femeninas los uniformes de los combatientes, ella ya estaría en esta Historia. Le sobró espacio para conocer y llorar otros amores. Amores que adquiría o se inventaba. Fue una enamorada perenne. El amor fue la punta de la lanza de su extraordinaria sabiduría.
Gracias al amor con su ciencia, .lección vital de Violeta Parra (11) he comprendido desde niña que amar es la manera más rápida de comprender el mundo. Muchas doctrinas las he tenido que ir a buscar en libros y gastara años en comprenderlas, no así a la piedra filosofal aguda y dolorosa que es la madre de la sabiduría: el amor.
En la clandestinidad era pez en su agua; habría que escucharle los cuentos sobre la incapacidad de mi padre para esconderse, y cómo prefería que estuviese preso «estudiando», pues era muy torpe para otra cosa. Pero no era cierto: reconocía en el joven abogado Armando Hart (12) cualidades e inteligencia únicas y necesarias para la empresa de Fidel, como son su cultura política y su capacidad de asociar en un mismo proyecto cualquier idea honesta.
Se dio cuenta, al amarlo como lo hizo, de que Armando Hart poseía la rara combinación de la armonía de la flexibilidad con la de un espíritu revolucionario absolutamente radical. Me consta el amor único que le profesó. Nos enseñó a respetarlo y a quererle más allá del amor filial. Recuerdo con húmeda melancolía la manera en que mi padre me trataba de leer a Carlos Marx, con la sonrisa cómplice de ella, mientras se movía silenciosa y ligera por la oficina de papa.
Podrán decirse hoy muchas cosas, envueltas en la leyenda del final de la historia, pero todavía me resulta difícil separar esas dos vertientes raras de mi educación. Mi madre, de alguna manera, contrató a Armando Hart como al mejor padre que me correspondía, que me enseñase algo sobre lo que ella sabía que pocos eran tan buenos como él. No era especialista Haydée en marxismo, pero les puedo confesar que las lecciones más apasionantes que he tenido me las ofreció Armando Hart a instancia de ella; además, el primer paradigma de las teorías socialistas fue mi amor por José Martí; mi primera animadversión contra el estalinismo, me la enseñó el Che, sin él saberlo, sin saberlo mi madre: fue una enseñanza en clave Guevara, siendo yo una adolescente. Cuando aquello, yo ni siquiera sabía qué había sucedido en Rusia ni en el mundo. Pero desde aquella iniciación, supe respirar el aroma de las mejores ideas de la cabeza que, siempre, sin dudas, fueron las concubinas de las ideas del corazón. Ambas, amándose y necesitándose, pero sin decírselo, por mera vanidad. Sus dos profetas.
A ella le bastó amar bien para poder entender el mundo. Todo lo realizaba sin que mi padre, mi hermano o yo pudiésemos advertirlo. Por ahí anda Chela (13), un ser que viaja entre el uno y la otra, tratando de acomodar de alguna manera estas experiencias y añoranzas, sin que causen mucho dolor. También Chela fue contratada por su amor. De Frank País (14) me decía que desde su altura «nos hacía falta su seriedad y su sentido de la disciplina». Daría la impresión de que estaba construyendo un Arca de Noé dentro de la cual proteger lo más virtuoso y capaz del pueblo cubano. Una acuarela, una síntesis de la más pura raza del ser humano de su tiempo y lugar. Cuando yo le preguntaba, por ejemplo, para qué Frank nos hacía falta, ella me miraba con ojos enormes y misteriosos, y respondía bajito como si aún estuviese en la clandestinidad: «Para ésto, Celia María, para hacer ésto.» Nunca me llegó a decir qué cosa era ésto; ahora ya no hace falta, lo sé, pero gasté muchos años en comprenderlo.
Es imprescindible que la recuerden así: llena de luz, disfrutando su entrega a esta misteriosa obra de Fidel que nunca termina, que no terminará jamás.
De las veces que estuvo en la Sierra emergen, según lo que me contaba, dos almas elegidas: el Che, del cual comentaré después, y Celia (15), de la cual me dejó la maravilla de su nombre. Desde niña me decía: «Cuando te reconozcan por tus apellidos (Hart y Santamaría) di que tu nombre va primero, que te llamas así por Celia Sánchez y es ese el que debes cuidar. Fue el mejor regalo que te he dado: su nombre. Aprende a respetarlo.» Sentía una gran tranquilidad al saberla cerca de Fidel. La muerte de Celia unos meses antes de la suya la conmovió a límites increíbles. Sobre todas las cosas, me decía, entre una lágrima y otra, que quien nos debía preocupar era Fidel. ¿Quién lo cuidaría como Celia?
Al tomar el poder, el ejército rebelde comenzó otra etapa en la lucha. Mi abuela paterna, Marina, le decía constantemente a ella y a mi padre: «ya se acabó, tranquilícense ya».Esa palabra, tranquilidad, es la antítesis de un auténtico revolucionario: esos de estirpe mayor no conocen la paz, ni conocen la conformidad; el único fin es el cielo. Esta iluminada tomó como proyecto construir, con las más puras ideas de Fidel y con el calor y pericia de su espíritu, un nuevo mundo al cual la hermosa década del sesenta le abriría las puertas con un saludo, para ser feliz, para crear, para inventar, volar y prestar alas a las primeras y solitarias notas de Silvio, o a las saltarinas y frescas letras del Gabo (16), o para saber, sin desojar margaritas, quiénes serían sus aliados. Ahí están o estuvieron sus aliados para la empresa de una iluminada.
Al igual que pasaría con Celia, la muerte del Che fue un verdadero infarto de amor. Cuando me hablaba del Che sufría, muchas veces, más que al hablar del propio Abel. Ella misma me dijo: «Sin él, casi no concibo la revolución»y seguía: «¿Qué hará Fidel sin el apoyo del Che?» Pero pasó el Che a su rosario sagrado y siguió su lucha. Cada 8 de octubre Abel y yo no podíamos salir, nos quedábamos a transcribir las cartas del Che a sus hijos, a interpretarlas. Y desde entonces, tal vez porque en octubre oscurece pronto o por este rito, los días 8 de este mes me cargo de una melancolía especial.
Estudié el preuniversitario con Camilo, el segundo hijo del Che con Aleida, y recuerdo cómo era para mí este niño de especial. Camilo era indomable y de carácter limpio. Cuando me enfadaba con él y se lo contaba a mama, me decía: «Tú sólo cuídalo, que nadie hable mal de un hijo del Che.» No era difícil hacerlo: se ganó el respeto y cariño de todos sin tener que pronunciar una sola vez su apellido.
No había un fin de semana en que no me comentara algo para que yo sintiera por dentro al Che, como que le dolía el solo hecho de no haber yo conocido al amigo mayor; ya éso era, de por sí, un pecado original. Ella diseñaba los estados de ánimo, el entorno, como si fuese un hada; lo lograba sin dificultad. Por eso, el enigma del Che Guevara, el mito sin réplica de lo que significó para las generaciones posteriores su imagen de esperanza, la sintió mi mama desde que lo conociera. No tuvo que esperar a que se convirtiera en el Guerrillero Heroico.
Es poca la correspondencia que se conoce entre ambos; mas, las existentes, son verdaderas lecciones de la forma en que se relacionan los verdaderos «colegas de revolución». Hay una, fechada en 1964, muy reveladora, en la que el Che, renunciando a los derechos por un libro suyo que publicara Casa de las Américas, «puso en su sitio» a mi madre al decirle que no «podía aceptar un centavo de un libro que no hace más que narrar las peripecias de la guerra» y que no quería entrar con ella en «una lucha de principios que tienen alcances más vastos». Podríamos sospechar cuál sería aquella lucha de principios (17).
En la misiva enviada por el Che a mi madre antes de marchar a Bolivia, le confiesa: «Veo que te has convertido en una literata con dominio de la síntesis, pero te confieso que como más me gustas es en un día de año nuevo con todos los fusiles disparados y tirando cañonazos a la redonda», y la firma: «Tu colega» (18) Ellos no sólo fueron camaradas o compañeros: fueron colegas en ese estrecho recinto de los iluminados.
En la carta que le dirigiera al Che después de su muerte, expone mi madre con sinceridad no poder perdonarle por no haberla llevado a la Argentina, pues éso le había prometido en la Sierra Maestra (19).
Eso es ser un revolucionario. A mi madre no le bastó la felicidad de haber participado en la liberación de su patria de la injusticia, ni fundar la Casa de las Américas y defender al arte de la incomprensión y la mediocridad, ni haber proyectado una vida de amor junto a mi padre en la ruta de Fidel Castro, ni siquiera haber tenido dos niños peque-ños a los que educar. Nada de éso era lo suficientemente importante frente al deber sagrado de la revolución del mundo. No necesitó mi madre leer tratados filosóficos para comprender el sentido de la auténtica felicidad. Lo que nos cuesta a nosotros años de estudio y siglos de controversias estériles, a los verdaderos revolucionarios les basta el primer aletear de una mariposa en una mañana de verano. Por eso sostengo que sí, que sí son diferentes ellos y nosotros. Los iluminados no miden la vida con los patrones comunes a los que llamamos felicidad: su métrica es la de las estrellas.
Me contó que lloró como nunca con la carta del Che. Cuando me lo contaba lloraba todavía más. Sus ojos casi se cristalizaban; mas, un segundo después de tanto llorar, estiraba los brazos y lanzaba al suelo cuanto hubiese a su alrededor. De esta anécdota recuerdo una vez, cuando era lo suficientemente chica como para casi quebrarme el cuello al mirarla sufrir diciendo: «Pero fue un machista imperdonable, machista imperdonable. Me juró que me llevaría a América a hacer la revolución, y acá me ha dejado».
Tuve que aceptar desde muy pequeña que aquella frondosa y feliz mujer estaba dispuesta a dejarme plantada en mis primeros años, con tal de hacer aquello a lo que el Che llamaba la Revolución. Estoy convencida que fue el Che quien le enseñó aquella palabra. Ha pasado mucho tiempo y no había querido contar esta anécdota en la cual, de forma explícita, mi madre llamaba «machista» al Che. Sin embargo, para ella el Che fue la materialización de que el Cielo estaba en la Tierra.
Me atrevo a narrarla, después de tanto tiempo, pues, recientemente, en un breve diálogo con Thiago de Mello (20), fue esta la anécdota que me hizo. Mama era fantasiosa y exagerada, y a veces se entremezclaban los sucesos. Pero para el gran poeta brasilero, después de tantos años fue ésa la impresión que sacó de la lágrima de Yeyé por haber perdido para siempre a aquel argentino irónico, y por no haber sido invitada a hacer la revolución en América.
En mi caso particular, queridos lectores, a estas alturas no me está claro si también debo al Che el haber dejado en brazos de mi madre este sentimiento suyo, último e impostergable, para que ella me lo transmitiera. Los que de veras se consagraron a la revolución cubana con más fervor, fueron aquellos que entendieron que el mejor intento para defender la revolución socialista, era luchar por la revolución mundial.
Si nos detenemos a observar todos estos seres especiales, que de una u otra manera viajaron más o menos tiempo en la nave de Fidel, comprendemos que su brújula era la misma: proporcionar al nuevo milenio, donde escasean los mitos y la altura de alma, un veterano que levantara los tiempos en almohadillas de amor y de coraje. Ese debería ser Fidel. La confabulación atemporal de estos astros. Abel, Frank, el Che, Celia y otros más, consignó su meta a la llegada de un Fidel Castro íntegro y pleno que pudiese recordar la necesidad que tiene la humanidad de soñar, para poder construir verdaderamente la realidad.
Para Haydée fue sagrado nuestro comportamiento moral. Recuerdo que en uno de mis cumpleaños, Celia Sánchez me regaló una fabulosa caja de muñecas. Yo no pasaba de los 7, y después de dejarme disfrutar de aquella sorpresa me dijo: «Ahora escoge una, el resto para tus amiguitas que no tienen a Celia que le haga regalos». Aquella historia, parecida a la de Bebé y el señor don Pomposo de José Martí, es una experiencia muy fuerte cuando la vida te la saca del papel de los hermosos cuentos, y te convoca al corazón para el personaje. Fue tan profunda, que todavía sueño con aquellas muñecas; pero también aprendí, junto al recuerdo de los juguetes perdidos, que lo que se regala con más amor es aquello que en verdad nos gusta. Así fue nuestra educación. El hecho de ser su hija no era un beneficio: era un compromiso que apenas lograban identificarlos niños Abel Enrique y Celia María. Nos cambiaba año tras año el número de hermanos, y en mi casa se reunía todo aquel que tenía pena para resolver: los recuerdos amados de Víctor Jara (21) y su voz timbrada de tristeza y amor; la hermosa Milena Parra, a quien debería yo cuidar y dar las muñecas más lindas por ser la nieta de Violeta; y así tantas personas.
Recuerdo también, siendo muy pequeña, que alguien con guitarra fue a la casa, muy triste por algo. Pudo ser Silvio (22), Pablo (23), Vicente (24), nunca lo supe, y mirando de frente al mar erizado de invierno, donde caían ruidosos los relámpagos de una verdadera tormenta, dijo: «De esos rayos de luz que matan, algún día sacaremos corriente». La relación entre el temor y la felicidad no la supe nunca, pero entonces aquel joven tomó la guitarra y se puso a cantar. Ya era nuevamente feliz.
Odiaba el formalismo más allá del límite. Eso reinó en su Casa, en la casa del Vedado, como llamaba a la de las Américas. Allí impuso con el garrote del amor su forma especial de impulsar una empresa. Creo que la burla y el desprecio a la burocracia de la gente menor está en mi casa colgando de una pared: un dibujo sobre una servilleta de papel, del pintor Mariano Rodríguez durante un flamante Consejo de Dirección al que debía poner asunto. Ella fue su jefe y esa servilleta fue la única acta de esa reunión; al menos, la única que debe quedar. Me parece ver sus reuniones libres de dobleces; me las imagino como un conjuro de estrellas peleando contra el lodo, cuya única razón de existir es hacerlas brillar más.
También decidió que yo, con 12 años, estaba muy enamorada de Roberto Fernández Retamar (25) y no cumpliría los13 sin estarlo verdaderamente. La gran Adelaida de Juan, esposa de mi Quijote, sería mi confidente; todo eso dispuesto por Mama. Guardo en mi casa la foto que le obligó a regalarme y el pequeño búcaro, donde cada dos días debía poner una rosa blanca, porque «Roberto amaba mucho y muy lindo a Martí y para amar a Martí hay que hacerlo como él». De aquel amor quedó lo que se proponía: una profunda admiración por Roberto y Adelaida, y una conexión sentimental de amor virginal por José Martí, que sólo el estudio posterior de su obra ha realzado. Cuando leo a Martí todavía siento el aroma de la rosa blanca y la cinta que con amor Mama me colocaba en el cabello antes de dormir. Me ligó a Martí con lo inquebrantable: el amor pasional de una adolescente. Nunca he amado a ningún hombre así.
Ella no pasaba del sexto grado, pero para ellos, los iluminados, eso basta. El lazo de su amor por la vida los exime de todo reconocimiento académico. Allí es donde está esta mujer que todavía persigue dónde vivir. Errante, pero feliz de lo que está viendo. Creo que mi hermano y yo, «herederos genéticos» de su existencia, estamos de acuerdo en lo esencial. Las palabras inspiradas de Abel, de mi Abel., en escasas ocasiones le alcanzan para suplir su prolongado silencio. No nos queda otra que respetar a todas las personas que deciden estar mejor muertas que vivas. El viejo cliché de que los revolucionarios no se quitan la vida .éso lo decía ella también; es tan pueril que basta un par de nombres para echarlo por tierra. Dicen que los animales no se suicidan, a no ser para defender la especie. Es pues, cuando menos, una forma muy humana de morir. Los Lafargue (26) decidieron que eran más útiles así para la causa del proletariado y no dudo que lo hayan sido. ¿Quién osa decir que las campanas que hizo doblar Hemingway (27) con su pluma no hicieron repicar a todas las iglesias del mundo con el grito de su última bala?¿Quién no prefiere todavía la rubia de todos los tiempos en el cine, a la cual hasta un sacerdote brillante le escribe un poema de amor? ¿Quién diría que Violeta no daba gracias a la vida con honestidad, para viajar a la muerte sin temor y segura de sí misma, al dejarnos en su voz el candor de todo un continente? Entonces sólo es bajar la cabeza, quitarse el sombrero y deslizar lágrimas de piedad por nosotros, y no por ellos que están más vivos que muertos, que viajan por el lindero entre ambos estados de la materia libremente y sin dolor, que nos cuidan de los errores. Nosotros estamos destinados a morir irreversiblemente: ellos no.
Y para quienes sólo cuentan los hechos «medibles», ahí está la Casa del amor que fundó Haydée, ahí está esa América, de la cual fue devota, pues sintió su palpitar trémulo y confuso al hacerse novia de sus heraldos. Respetad, pues, esos hechos contables, todos aquellos para quienes el corazón no piensa y, por no saber sentir, no entienden y llaman locos a los que les superan en cordura del alma. Para los iluminados, vivos y muertos, sí va mi mensaje de gratitud como grita Silvio en su «menos mal que existen».
Un solo detalle se me escapa: soy su hija o lo fui, y me dejó objetivamente viva en su muerte, rodeada de algunos muertos en vida, aunque en un Universo de gravedad y magnetismo que es Cuba como epicentro de las luchas humanas por un mundo mejor, el único mundo que se merece este universo que lleva quince mil millones de años trabajando en pos de la armonía. Se fue dejándome segura, donde puedo, al lado de Fidel, trabajar por lo justo que tantos y tantos levantaron con sus últimos suspiros, y enamorada perdidamente de Martí. Entonces nuestra victoria final, la de Yeyé (28), está relacionada con el logro de la felicidad de cierto planeta azul de un sistema solar en los confines de la Vía Láctea, y del que dentro de varios siglos podrán decir sus moradores: «Nuestra dicha mundial pudo muy bien estar relacionada con un pequeño apartamento de una pequeña isla, de nuestro pequeño planeta. La Tierra es feliz, debemos ahora cuidar del Sol».
Notas
1) Silvio Rodríguez (1946), cantautor cubano, exponente del Movimiento de la Nueva Trova. Su canción «Todo el mundo tiene su Moncada» (1968), puede hallarse en el álbum reciente Érase que se era (2006).
2) Abel Enrique Hart Santamaría (1960-2008), hijo de Armando Hart y Haydée Santamaría; hermano de la autora.
3) Sillón de brazos cortos, utilizado para balancearse, muy común en los
hogares cubanos de principios del siglo XX.
4) Simone de Beauvoir (1908-1986), novelista francesa de gran importancia
para el desarrollo del movimiento feminista internacional.
5) Juana de Arco (1412-1431), heroína nacional y santa patrona de Francia.Vestida de hombre lideró ejércitos en la guerra de los Cien Años que sostuvieron Inglaterra y Francia entre 1337 y 1453.
6) Esperando la muerte, obra de Anne Sexton (1928-1974), poetisa norteamericana de sensibilidad extrema, que sufrió en vida por sus fantasías suicidas y produjo una literatura sumamente confesional.Ganadora del Premio Pulitzer en 1967 por su poemario Vida o muerte.
7) Vivienda de los hermanos Santamaría, donde se reunían con Fidel Castro para planear las acciones revolucionarias.
8) Abel Santamaría Cuadrado (1927-1953), segundo jefe del Movimiento 26 de Julio. Con sólo 25 años fue apresado en la mañana del 26 de julio de 1953 junto a un valeroso grupo de compañeros. Fue salvajemente torturado. Le sacaron los ojos y se los mostraron a su hermana (Haydée) en prisión. Asesinado ese mismo día. De él diría Fidel que era el «Alma del Movimiento».
9) Véase carta, pp. 93-95. Haydée, del Moncada a Casa. Celia Hart, Editorial Capiro, Santa Clara, Cuba, 2009.
10) Reinaldo Boris Luis Santa Coloma (1928-1953), novio de Haydée durante la lucha clandestina contra la dictadura de Fulgencio Batista.Integrante del Comité Civil del Movimiento 26 de Julio. Asaltante al Cuartel Moncada. Apresado por los sicarios batistianos, fue horriblemente torturado y asesinado.
11) Violeta Parra (1917-1967),poetisa y cantante chilena, autora de canciones legendarias como “Los pueblos americanos” y “Gracias a la vida”.
12) Armando Hart Dávalos (1930), personalidad de gran contribución a la historia y la cultura cubanas, fue miembro de la dirección nacional del Movimiento 26 de Julio y participante en el 30 de Noviembre de 1956 en Santiago de Cuba. Estuvo casado con Haydée Santamaría y de ese matrimonio nacieron Abel y Celia, la autora del testimonio.
13) Graciela Rodríguez Pérez (Chela), amiga de la familia de Haydée Santamaría desde que residía en su natal Encrucijada, mucho antes del triunfo revolucionario. Desde 1959 trabaja con Armando Hart. Mantuvo también estrecha relación con Abel y Celia, los hijos del matrimonio.
14) Frank País García (1934-1957), joven luchador de la clandestinidad, prestigioso líder revolucionario de la zona oriental de la isla de Cuba; jefe de acción y sabotaje del Movimiento 26 de Julio. Asesinado el 30 de julio de 1957, cuando tenía 22 años.
15) Celia Sánchez Manduley (1920-1980), la primera mujer en incorporarse a la lucha en la Sierra. Junto a Frank País organizó y dirigió los refuerzos que se enviaron a la Sierra Maestra. Luego de la guerra, creó la Oficina de Asuntos Históricos. Se desempeñó como Secretaria de la Presidencia.
16) Gabriel García Márquez (1928), escritor y periodista colombiano.Premio Rómulo Gallegos en 1973 y Premio Nobel de Literatura en 1982.
17) Véase nota del Che, p. 103. Ibídem 9.
18) Véase carta, pp. 105-106. Ibídem 9.
19) Véase carta, pp. 107-109. Ibídem 9.
20) Amadeu Thiago de Mello (1926), poeta brasileño, icono de la literatura regional amazonense. Su obra, de gran fuerza interior, expresa un auténtico compromiso social. Durante el régimen militar, vivió exiliado en Argentina, Chile, Portugal, Francia y Alemania. Tras la caída del régimen, volvió a su patria.
21) Víctor Jara (1932-1973), cantautor chileno, uno de los máximos exponentes del resurgimiento de la canción popular latinoamericana. También director de teatro. Por los ideales revolucionarios que promovía, fue torturado y asesinado durante el golpe militar de Augusto Pinochet en septiembre de 1973.
22) ibídem 1.
23) Pablo Milanés (1943), cantautor cubano, fundador del Movimiento de la Nueva Trova; su obra ha alcanzado el más alto reconocimiento internacional.
24) Vicente Feliz (1947), cantautor cubano exponente del Movimiento de la Nueva Trova.
25) Roberto Fernández Retamar (1930), poeta y ensayista cubano; actual presidente de la Casa de las Américas.
26) Paul Lafargue (1842-1911), político y pensador francés nacido en Cuba. Este importante luchador socialista se suicidó junto a su mujer.
27) Por quién doblan las campanas (1940), novela de Ernest Hemingway (1889-1961), narrador norteamericano que ha resultado uno de los más relevantes escritores entre las dos guerras mundiales. Premio Pulitzer de Literatura en 1953 y Premio Nobel de Literatura en 1954. Se suicidó con un arma de fuego.
28) Apodo cariñoso con que se conocía a Haydée Santamaría.
 

08/09/2009 15:20 Ida Garberi Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Miguel D’Escoto: en Cuba existen los valores para cambiar el mundo

20090914225655-miguel-descoto.jpg

Ida Garberi*

 

“Déjenme decirles, a riesgo de parecer ridículo, que el revolucionario verdadero está guiado por grandes sentimientos de amor. Es imposible pensar en un revolucionario auténtico sin esta cualidad”.

Ernesto Che Guevara

 

 

 

Encontrarse de cerca con Miguel D’Escoto es una emoción inmensa, es un hombre tan grande, un sacerdote tan comprometido con las verdaderas reglas del Nuevo Testamento, dispuesto desde sus primeros años de sacerdocio a servir al prójimo: después de su consagración a Dios siempre predicó que la religión es no dejarse “contaminar por el mundo”, es decir, no dejarse contagiar con la indiferencia y con la apatía frente al sufrimiento de nuestros hermanos. 

Como afirmó Celia Hart Santamaría, la mariposa de la cultura cubana, (el 7 de septiembre de 2009 se cumplió un año de su desaparición física), Jesús fué el primer comunista de la historia humana y el padre D’Escoto, comprometido discípulo del Hijo de Dios, es el testimonio vivo de esta afirmación, 

Del padre D’Escoto emana un aura de valentía que le permite decir verdades muy duras con un aire de ternura y amor. El amor, en él, tiene una fuerza intrínseca: estas cualidades permitieron que Miguel D’Escoto pudiera cumplir brillantemente su presidencia del 63° Período de la Asamblea General de la ONU. 

Él vino a Cuba, poco antes de terminar su mandato para “cargar sus pilas”, como afirmó en una tarde cálida habanera, en la Casa de la Amistad, lugar de encuentros del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos. 

En este lugar de paz y tranquilidad, que fue complice de los suspiros de Juan Pedro Baró y Catalina Laza a principios del siglo pasado (los primeros propietarios de la casa), sigue emanando amor y fuerza infinita mientras D’Escoto nos informa que en su discurso de cierre del 63°Período le preguntará directamente al presidente Obama la libertad por mis Cinco hermanos cubanos. 

Personalmente, él le entregará al presidente norteamericano dos cartas de los familiares de los Cinco Héroes cubanos: una carta denuncia a todos los abusos sufridos por Olga Salanueva y Adriana Pérez, que, desde hace 11 años, no pueden encontrarse con sus correspondientes esposos, René González y Gerardo Hernández y la otra, continua siendo un secreto, aunque el padre Miguel afirma que “su contenido será conocido en su debido momento”.   

Miguel D’Escoto fue tan incisivo cuando habló de los Cinco Héroes cubanos afirmando que no existe ninguna cifra ni ninguna posibilidad de indemnizar a estos Cinco Héroes por todas las injusticias padecidas, tampoco si fueran liberados mañana y si los EE.UU. les dieran una medalla para reconocer que arriesgaron su vida por defender a los ciudadanos de todo el mundo, incluyendo a los norteamericanos.  

“Mantenerlos en prisión no sólo hace sufrir a los Cinco cubanos y sus familiares, si no mancha también el honor de la administración de Obama”, afirmó.  

Quizás sus palabras tan simples y sinceras hayan puesto en una situación embarazosa a los medios extranjeros presente en la rueda de prensa: en efecto casi ningún periodista redactó un artículo que tratara sobre las declaraciones de D’Escoto. 

Conozcamos bien este procedimiento, ¡una vez más la verdad hace temblar al enemigo, todos los mentirosos, los deshonestos y los oportunistas prefieren tratar de echar en el olvido verdades MUY incómodas!!!!    

El padre continúa hablando del futuro sin descanso, con sus 76 años dedicados al Sandinismo y a Cristo, habla de Cuba como el guardián de los valores que pueden salvar al mundo, que ahogado por la crisis económica se encuentra al límite de un precipicio: los mismos EE.UU. podrían querer la tercera guerra mundial, es decir por tercera vez la guerra sería el escape a todos aquellos problemas económicos que ellos mismos provocaron. 

Miguel afirmó que el uso de las siete bases colombianas por parte de los estadounidenses representa un retroceso en el presente luminoso de América Latina y una terrible amenaza para la paz mundial. “El hecho de que Uribe esté tan disponible con los Estados Unidos me pone muy triste y creo que todo el continente tiene el derecho a protetar y a sentirse amenazado”. 

De mi parte creo que la marioneta llamada Álvaro Uribe no tenga otra elección que la de obedecer a su dueño, las pruebas aplastantes de ser un narcotraficante, cómplice de Pablo Escobar, permite a los EE.UU. tener un cabestro permanente sobre su cabeza.  

El problema siempre es el deseo infinito de los Estados Unidos de mantener su patio trasero controlado, y Honduras es el ejemplo evidente. 

El padre D’Escoto dijo que no tiene las pruebas, pero está casi seguro de que tras el golpe de estado en Honduras se esconde “la Mano Pachona” (espíritu malvado) del imperio. 

Cómo ejemplo de resistencia recuerda a la Revolución cubana y a su líder Fidel Castro que define como un hombre enamorado de la justicia, de la solidaridad y de la hermandad. 

“Si se habla de fe, Fidel Castro es el hombre mejor. Dichosamente puedo decir, después de haberme encontrado con él, que Dios escuchó las plegarias de todo los revolucionarios del mundo: todavía tendremos a Fidel por mucho tiempo”. 

Para D’Escoto el hombre de fe es alguien que lucha para cambiar el mundo en algo diferente y mejor. 

En su libro “Antiimperialismo y no violencia”, que es una colección de sus escritos y representa un instrumento de fe y lucha al mismo tiempo, D’Escoto nos confiesa su admiración por Karl Marx, considerado como el padre de la conciencia crítica de su época, pero que no ha perdido validez en el siglo XXI. 

Con la fuerza del amor, D’Escoto también propone “inventar de nuevo” la Asamblea General de la ONU, el único lugar adecuado y legítimo para discutir los temas globales. 

“No tienen sentido el G-8 o el G-20, sólo el G-192, es decir la Asamblea General de la ONU, puede ayudar a la humanidad a salir de las numerosas crisis que la están affligendo”. 

El carisma innegable de este sacerdote que sabe ser al mismo tiempo fuerte y dulce, que aplica intensamente la regla del Che Guevara (Hay que endurecerse sin perder jamás la ternura) proviene no sólo de su formación sino también de sus obras en el pasado: el apoyo a la Revolución Sandinista en Nicaragua desde el nacimiento de este y el papel protagonico como canciller de Nicaragua (1979-1990), que fue determinante en el proceso contra los Estados Unidos en La Haya. 

En efecto D’Escoto tiene el honor de haber logrado hacer condenar el imperio más poderoso del mundo por una corte internacional, que además de determinar que la guerra de los EE.UU. contra Nicaragua en los años 80 fue un horrendo abuso, reafirma el derecho inalienable de todos los estados del mundo, independientemente del tamaño de su territorio, poder militar o económico, a elegir su sistema político, económico, social y cultural, sin ninguna injerencia de ningún tipo de parte de otro estado. 

Y para concluir quiero citar una frase del padre, el hombre que supo llevar en la vida cotidiana la Teología de la Liberación y la opción para los pobres, que nos dice que “la existencia de Cristo afirma y confirma qué Dios existe, que Dios nos quiere, que Dios es amor, que todo somos hermanos, que no existen esclavos ni dueños. El sacrificio de la Cruz de Cristo sigue siendo una locura para los que insisten en vivir conformes con la fría lógica de la razón y no quieren seguir la lógica del amor”.  

  

*la autora es la responsable del sitio web en italiano de Prensa Latina

14/09/2009 16:57 Ida Garberi Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Norma Maria Ruiz Santamaría: Celia y Haydée, de la Revolución a la Patria, de la Patria a Casa

20090928205903-celiahaydee1.jpg

Ida Garberi * 
 
“La Revolución es algo que se lleva en el alma, no en la boca para vivir de ella”.
Ernesto Che Guevara 
 
Una vez más el poder de convocatoria de Haydée Santamaría fue más fuerte que todo, su carisma natural permitió llenar la sala Manuel Galich de la Casa de las Américas en La Habana, durante la presentación del primer libro publicado en Cuba de su hija Celia María Hart Santamaría. 
Celia decidió y preparó esta edición cubana antes de desaparecer físicamente de este planeta, y la fiel “Chela” Rodríguez y su prima Norma Maria Ruiz Santamaría vencieron todas las dificultades materiales, que debe afrontar Cuba para poder imprimir un libro (gracias al “querido” bloqueo de los vecinos del Norte) y han hecho realidad este sueño deseado y madurado en muchos años. 
Celia nos permite curiosear el lado más íntimo de su madre, nos lleva, tomándonos de la mano, adentro de sus reflexiones sobre el asalto al cuartel Moncada, en los meandros de sus emociones poco después de la derrota del 26 de julio, cuando Haydée desde la prisión de Guanajay les escribe a sus padres, casi nos permite tocar con los dedos la camaradería que la ató a personajes históricos y revolucionarios como el Che Guevara y Celia Sánchez……y como desde el principio del movimiento revolucionario, tuvo una confianza “en forma total” en Fidel Castro, el hombre de Cuba y la convicción de que el tenía que vivir mucho tiempo. 
Y ahora no hay más dudas sobre este hecho, y por suerte Dios escuchó los ruegos de todos los revolucionarios del mundo (como el padre Miguel D’Escoto afirmó) y todavía tendremos a Fidel Castro por mucho tiempo, pero en el lejano 1953, sólo la luz especial, que brilló en los Santamaría, nos pudo ofrecer la señal de la importancia del Comandante en Jefe en la Revolución Cubana. 
Haydée y Celia fueron dos mujeres eternamente enamoradas, hicieron del amor su punta de lanza para combatir el fascismo. 
Yo, que tuve la suerte de ser amiga de Celia, aprendí de ella la fuerza que está dirigiendo, ahora, mi vida: la solidaridad. 
Gracias a su fuerza y a su amor por la Revolución permanente y mundial, después de un encuentro con Celia, yo misma me sorprendía a veces cantando sola a Silvio Rodríguez o a Pablo Milanés, por la calle o en la oscuridad, porque el amor nutre el alma, te impregna la piel de escalofríos suaves y fuertes, materializa los sueños, te convence que el pequeño granito de arena que aportas con tu trabajo ayuda a cambiar la historia, te ofreces hacia aquel mundo mejor que el Comandante en Jefe nos enseñó a reclamar. 
El amor conforta, alienta, redime. Celia, como hizo su madre con ella, me enseñó a enamorarme, estúpidamente, del género humano, en una forma tan profunda que ni el amor de pareja puede borrar esta enorme fuerza.   
La energía positiva de Celia, absorbida de su madre, se maduró con el tiempo, fue ganando terreno y justamente la publicación del libro “Haydee, del Moncada a Casa” y la preparación del próximo dedicado a los Cinco Héroes cubanos, nos demuestra que está venciendo batallas, junto a las continuas conquistas cubanas. 
Y como dijo Haydée, que lo que se ama vive siempre, nosotros que seguimos luchando inspirados por esta energía, seremos más fuertes para vencer al enemigo, el fascismo que destruye a nuestra gente latinoamericana, que baña de sangre la tierra hondureña, que hiere a muerte nuestra dignidad de comunistas irreverentes y críticos.  
Esta familia Santamaría, estos iluminados de la historia, han sido un pilar fundamental de la Revolución cubana, han sabido ser fieles hasta el último sacrificio, (como Abel, en el ataque al Moncada, el ángel del movimiento 26 de julio, que si hoy estuviera vivo cumpliría 82 años el próximo 20 octubre) y perpetrar estos valores tan importantes para las generaciones que los han seguido.  
Quien me cuenta momentos de la vida familiar de los Santamaría, es Norma, la prima de Celia, hija de Ada (la más pequeña de los cinco hermanos), que vivió casi ininterrumpidamente sus primeros dieciséis años de vida en casa de Haydee y Armando Hart, a causa de los numerosos viajes de su madre. 
En la casa de Miramar, dormida a los pies del mar, Norma vivió su adolescencia con Celia, Abel Enrique y otros 14 niños adoptados procedentes de muchas partes del mundo pero todos con un denominador común: la necesidad de una familia y el calor de un hogar. 
Yeyè cuidó de la numerosa familia con el mismo amor que dedicó a sus tareas revolucionarias, se ocupó de la educación de sus vástagos siempre convocándolos a la solidaridad y a los principios de la Revolución: supo usar el mismo empeño y el mismo sentimiento para regar su jardín, cocinar, enseñarles a los niños “Versos Sencillos” de José Martì, bajo el influjo de Armando Hart, o recordar las palabras de Fidel Castro en su discurso sobre la Educación Formal, pronunciado el 6 de enero de 1962, en el acto de inauguración del Palacio de los Pioneros.  
"… .. Por eso, los niños tienen que ser buenos revolucionarios. Ustedes recuerdan aquello que, cuando se entregaron los cuarteles, los grandes cuarteles para escuela, ustedes se acuerdan aquello que dijimos, que el niño que no estudia no es buen revolucionario.  El niño que no se porta bien en la escuela o en la casa, no es buen revolucionario; el niño que no es buen pionero, no es buen revolucionario”.
Y estas frases educativas dedicada a los niños, Haydee las escribió en grandes carteles por toda la casa, y de modo firme y tierno al mismo tiempo, forjó a los pequeños revolucionarios. 
“A veces tocó tan profundamente las cuerdas emotivas de nosotros, rebeldes lampiños que, por ejemplo, un dia ante lo establecido por Haydée de la nececisad de comerse todo lo que teniamos en el plato, porque los niños africanos estaban muriéndose de hambre, Abel Enrique, hermano de Celia, decidió preparar un paquete y mandarlo a África, sintiendo el deseo de dividir con aquellos pobres y hambrientos niños su comida”, me cuenta Norma. 
Y mientras el Apóstol acompañó cada momento del día, con su sabiduría a veces un poco complicada para estos jóvenes revolucionarios, que bebían de los labios de Armando Hart “La Edad del Oro”, el tiempo estaba pasando inexorablemente. 
Las huellas indelebles que dejó Haydee y sus hermanos han permitido transmitirles a los jóvenes Santamaría este sentido de pertenencia a la Revolución cubana, la conciencia de saber privarse de recuerdos familiares para donarlos a museos, donde se converten en bienes de todo un pueblo, que podrá admirarlos, conocerlos y saber cuánto amor a la Patria ha trascendido de esta familia. 
Los Santamaría han forjado, están forjando y forjarán la Revolución en esta pequeña gran isla caribeña, sintiéndose completamente parte y artificios de su suerte. 
Celia sorbió de la leche materna el carisma del líder y dentro del clan de la familia se movió como si tuviera prisa, como si una premonición malvada y real la empujara a tratar de hacer más cosas posibles en pocos años de vida. 
Esta Mariposa de la Cultura cubana identificó en Norma a la prima más cercana a su trabajo literario, quizás incitada por el hecho de que su hija Inessa, quiere estudiar periodismo. 
Yo misma fui testigo de que en la fiesta del 24 de febrero de 2008 Celia conversó mucho con Inessa y estimuló su aptitud hacia el periodismo; el amor clarividente de Celia indicó que Inessa será la Santamaría que tiene que continuar el camino literario iniciado por esta familia heroica, donde todos los jóvenes adolescentes están siendo consecuentes con la estirpe de los padres.    
Celia en el último artículo del libro “Haydee, del Moncada a Casa” escribe un recuerdo póstumo después de la muerte de su tía Aida (la última de los cinco hermanos en dejarnos) y con tristeza afirma que “ahora puede ser el fin, al menos para nosotros: la última rama de ese árbol milagroso acaba de ser devuelta a la tierra…… Hoy cerró un capítulo extendido de esta obra peculiar de la Revolución.
Debemos juntar las manos con fervor…y pensar…y amar mucho para que las cenizas de la luz de esta legión de iluminados puedan acompañarnos un tanto más allá, cuando tengamos que seguir a tiro forzado, lidiando con la muerte, en los años que nos restan. Con el sepelio del dia de hoy, algo muy hermoso e indefinido termina por cerrarse en esta luminosa historia de una Revolución fabricada a plumas de ángeles”. 
Pero aquí, Celia, te equivocaste, yo no creo que tu familia haya perdido su magia, su capacidad de infundir fuerza y sanos principios, la vida continúa, tu pluma será reemplazada por Inessa, que ya este año escribió su primera nota recordando el aniversario de tu desaparición física, regalándote girasoles y convenciéndonos, como tú misma afirmaste... “Gran responsabilidad frente a la historia que solo con el amor heredado por ellos de forma exquisita podremos esgrimir.
Haber vivido, vivir lo infinito, andar junto a este, es tener sol cada mañana”.
Y este sol de los Santamaría continuará a resplandecer y a darnos la fuerza para ir adelante, seguros, como dijo Martì que “hacer es el mejor modo de decir”. 
 
*la autora es responsable de la página web en italiano de Prensa Latina 
  

28/09/2009 14:59 Ida Garberi Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.


Blog creado con Blogia. Esta web utiliza cookies para adaptarse a tus preferencias y analítica web.
Blogia apoya a la Fundación Josep Carreras.

Contrato Coloriuris