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¡Ojalà!

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Ida Garberi * 
 
“El hombre vive dónde habita su alma, no dónde se encuentra su cuerpo” 
Mahatma Gandhi 
 
Hoy, 13 de julio de 2009, estoy aquí en Roma en casa de Stefania, acostada sobre su sofá tratando de metabolizar sensaciones, desilusiones e ilusiones (que quieren forzadamente quedar vivas) mientras pienso en el mi “bonito país”, Italia, que se está prostituyendo y destruyendo lentamente, mientras un poder mediático impalpable está contaminando su fibra, su estructura en el modo más pérfido. 
Tuve que dejar temporalmente “mi Cuba querida” para solucionar tristes problemas familiares y volver a mi península… que ahora no siento más mía, pero sólo geográficamente reconocida como lugar donde, accidentalmente, empezó mi existencia. 
Porque está claro que Gandhi tuvo absolutamente razón, mi alma tiene necesidad de horizontes más vastos y abiertos, acogedores e infinitos como los que ofrece La Habana, y no puede morir y ahogarse hoy en la gris y provinciana Bolonia, ciudad italiana dónde vivií los años más lindos de mi vida, antes de trasladarme al Caimán Verde. 
¿Pero a dónde se fue el espíritu acogedor e internacionalista de mi época universitaria dónde la reseña musical “Música venida de otro mundo” (para sólo dar un ejemplo) nos permitió encontrar y disfrutar de algunos cantantes egipcios “sufi”, que interpretaban casi en éxtasis los versos del Corán? 
Hoy, desgraciadamente, algunas personas que se declaran progresistas siguen al secretario de turno del absurdo Partido Democrático, (compuesto sólo de cadáveres), que se autodeclara a la oposición del pequeño hombre con manías de grandeza, que es hoy el primer ministro del país. 
¿Y cuáles hechos concretos realizan para combatir el fascismo dominante?  
(Ésta es una pregunta retórica, sé perfectamente que no existe ninguna respuesta!)  
¿Y estas personas progresistas donde dejaron el progreso de su mente cuando me confiesan que, viendo la llegada de un barco cargado de los “buscadores de sueños”, algo bronceados, desean que se hunda, que desaparezca (en la profundidad de su corazón), para evitar este terrible problema que los pone delante de la violenta realidad de no ser capaces a aceptar lo diferente? 
Todo esto gracias a un inteligente trabajo de los medios de comunicación, que supieron manipular la prensa de los ciudadanos del primer mundo, haciendo aflorar la peor parte y egoísta de cada uno de nosotros, que puede llevar sólo a la violencia y a la destrucción. 
Por centenares de años el primer mundo se dedicó, y continúa, robando las materias primas de África y América latina, pagándoles sólo limosna a sus verdaderos dueños, las famosas perlitas de colores que Colón y los españoles les propusieron a los indígenas del Nuevo Mundo para sustraerles inmensas riquezas, porque “un día llega de lejos huescufe conquistador, buscando montañas de oro, que el indio nunca buscó, al indio le basta el oro que le relumbra del sol. Levántate, Curimón”....como cantó la famosa cantautora chilena Violeta Parra.  
Pero ahora las cosas están cambiando, los más pobres, cegados por el “mito norteamericano” o el “sueño europeo”, están emigrando en masa buscando desesperadamente aquella suerte que hasta hoy no les tocó vivir. 
Y a nosotros, ciudadanos del primer mundo nos toca mirarnos por dentro, en el alma, ser honestos y pensar que si nosotros podemos tener un cierto nivel de vida medio-alto lo debemos al hecho de que aquellos buscadores de sueños que navegan sobre un barco ruinoso hacia Europa literalmente estan muriéndose de hambre en su patria. 
Creo que es justo no caer en sentimentos piadosos y fustigarnos con enormes sentidos de culpa, que no solucionarían el problema: tenemos que mirarles a los ojos a estos hombres y mujeres tan diferentes de nosotros, aceptarlos como seres humanos, iguales pero diferentes, con su equipaje de cultura y costumbres.  
Porque escondernos de trás del miedo, no creo que sea un proceso fácil, pero tenemos que pensar que la violencia sólo engendra violencia, el diálogo y la acogida, en cambio, permiten la comunicación y la integración. 
Justo estando aquí, en el sofá de Stefania echo el ojo sobre un libro que me interesó mucho, “(H)ombre(s) migranti” de Andrea Cantaluppi, un ex-sindicalista que se apasionó mucho con el tema de la inmigración y dedicó un período de su vida a hacer trabajo voluntario en una misión católica, administrada por religiosos scalambrianos, que apoyan a los emigrantes de todas las naciones de Centro América, a Nuevo Laredo, Tamaulipas, en Mexico. 
Tuve luego la suerte de conocer personalmente a Andrea y escuchar las horribles historias de aquèllos desgraciados que, dispuestos a todo, intentan atravesar el Rio Bravo, saltar el muro de la muerte y entrar en las fauces del imperio, los Estados Unidos. 
Se me hiela la sangre al pensar que sólo, por este punto, pasan cerca de diez mil desheredados al año (no oso pensar, cuántos serán efectivamente, a lo largo de la frontera) y que dos sacerdotes y algunos voluntarios tratan de sustentarlos y ayudarlos, con amor y solidaridad, lucha y sufrimiento, empeño y dedicación. 
Para Andrea fue muy importante este encuentro-choque con “Ellos”, los que no existen, los nuevos esclavos, los sin documentos, los analfabetos, que una vez emprendido este viaje del no regreso, hacia el país maravilloso que creen los transformará en los ricos de las películas, estan en las manos de cualquiera, vulnerables y solos. 
Y el hecho más triste es que en una ciudad como Nuevo Laredo los abusos a estos nuevos esclavos son perpetrados principalmente por la policía, que privan, ilegalmente, de la libertad no sólo a los centroamericanos, pero también a los mismos mejicanos. 
Sólo en los últimos tres meses, las denuncias son más de 160 y se refieren a abusos sexuales, secuestros, robos, amenazas graves, retención de documentos y tráfico ilegal de personas. 
Afrontar directamente todos estos problemas, permitió a Andrea desarrollar una real catarsis, lo llevó a escribir el libro, donde cuenta su experiencia y algunos perfiles de los “no existentes” que conoció y la decisión de donar toda la ganancia del libro al centro de acogida. 
¿Pero nosotros, sabremos hacer lo mismo? 
En este momento el ciudadano italiano está prácticamente solo alante este problema, el estado sólo manda mensajes de represión, creando guetos y sancionando la ley sobre la seguridad que “legaliza” la xenofobia y representa un desagradable precedente para la democracia italiana, que viene intensamente contaminada por un crimen que castiga por lo que uno es (inmigrante clandestino) y no, por lo que hace, y transforma la condición de pobre en crimen.
Esta terible ley ya tiene la primeras víctimas: mujeres embarazadas que no van al hospital y enfermos graves que ya no acceden a las curas sanitarias, por temor de ser denunciados y deportados. Padres que esconden a los niños, por temor a perderlos, porque están imposibilitados de registrarlos y de ofrecerles condiciones de vida decentes. Casos sospechosos de Tuberculosis y otras enfermedades contagiosas, entre otras la influencia A/H1N1: enfermedades que se difunden fuera de control, porque los emigrantes no van a las estructuras sanitarias. Los niños, además, no pueden recivir las vacunas obligatorias de la edad evolutiva.  
Personas frágiles que eligen quitarse la vida, y sus muertes son declaradas como “accidentes” por los inquisidores que no quieren oir hablar de persecución étnica. La joven marroquí F.A., 27 años, se mató tirándose en las aguas del río Brembo, en Ponte San Pietro (Bérgamo). Ella se suicidó porque era clandestina, no logró legalizarse y era consciente de que con la ley n. 94/2009 sobre la seguridad, su presencia en Italia se habría convertido en un crimen, que la habría condenado a vivir sin derechos, en espera de la deportación.
Debemos, atrevidamente, destruir el muro de la comunicación, sobre todo tratar de trabajar juntos y unidos, los religiosos con los laicos, los comunistas convencidos con los progresistas sinceros. 
Es una apuesta demasiado importante para nuestro futuro, que ya no tendrá un color solo, sino blanco o negro, ni un sólo idioma, sino italiano, español, inglés, francés, svajili, árabe o uolof: será una mezcla que debemos, nosotros mismos, pretender sea armoniosa y serena.  
Tenemos que erradicar las falsas “verdades”, y difundir las realidades de los inmigrantes, los quales en Italia producen el 10% del PIB, incluso siendo solo el 6% de la población. Pagan cerca de 7 mil millones de euros por concepto de contribución a las jubilaciones, cerca de 5 mil millones en impuestos y para otras prestaciones sociales, de donde casi siempre son excluidos, como Pietro Soldini afirma en el epílogo del libro de Andrea Cantaluppi. 
¿Seremos capaces de derrotar esta manipulación mediática sin precedentes con una toma de conciencia individual, redescubriendo nuestro ánimo y las motivaciones fuertes de los valores de la sociedad interétnica e intercultural? 
¡Ojalà!…….. 
 
*la autora es la responsable de la página en italiano del sito web de Prensa Latina  

11/08/2009 19:21 Ida Garberi Enlace permanente. sin tema

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