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Una balada de amor para Ernesto Che Guevara

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Ida Garberi*

 

“La era está pariendo un corazón, no puede más, se muere de dolor
y hay que acudir corriendo, pues se cae el porvenir
en cualquier selva del mundo, en cualquier calle”.
Silvio Rodriguez

 

Un día como hoy, el 14 de junio de 1928, nació el guerrillero del amor, Ernesto Che Guevara, actualmente, habría cumplido 81 años. Pero un asesinato a sangre fría, por orden yanqui, se lo ha llevado hace más que cuarenta años, cuando tenía nada mas que 39 y todavía demasiadas cosas que hacer sobre este planeta destrozado, contaminado e indiferente. 

Es que su ausencia se hace cada día más pesada, mientras este monstruo del fascismo que no logramos derrotar intenta contínuamente establecerse en el poder para robar, destruir y siempre privar de la libertad a los más débiles, con la explotación del hombre sobre el hombre. 

“Déjenme decirles, a riesgo de parecer ridículo, que el revolucionario verdadero está guiado por grandes sentimientos de amor. Es imposible pensar en un revolucionario auténtico sin esta cualidad. Quizá sea uno de los grandes dramas del dirigente; éste debe unir a un espíritu apasionado, una mente fría y tomar decisiones dolorosas sin que se contraiga un músculo. Nuestros revolucionarios de vanguardia tienen que idealizar ese amor a los pueblos”.   

Esta, creo que sea la frase del Che que más me emociona, porque encierra una verdad desarmante y al mismo tiempo triste: sería tan fácil y “económico” utilizar la sonrisa, el amor y la paz, por nosotros, los revolucionarios, pero la misma violencia fascista no lo permite, su poder cínico, su dinero sucio siempre trata de destruir lo que la ayuda recíproca comunista está construyendo con mucho sacrificio, porque como Fidel Castro justamente afirma que la solidaridad es no regalar lo que tenemos de más, pero sí compartir lo que tenemos de imprecindible. 

Cada día en cambio tenemos que chocar con la violencia del enemigo, que nos ayuda a entender y a comprender al Che cuando utilizó las armas y sus métodos intransigentes: “Hay que llevar la guerra hasta donde el enemigo la lleve: a su casa, a sus lugares de diversión, hacerla total. Hay que impedirle tener un minuto de tranquilidad, un minuto de sosiego fuera de los cuarteles, y aun dentro de los mismos; atacarlo dondequiera que se encuentre, hacerlo sentir una fiera acosada por cada lugar que transite. Crear dos, tres, muchos Vietnam”. Es el mismo enemigo que nos lleva al extremo: yo siempre estoy de acuerdo con él cuando llega a afirmar que “Son moderados todos los que tienen miedo o todos los que piensan traicionar de alguna forma”.

Todos los intentos de homicidio de presidentes, sobre todo de la América latina (desafortunadamente muchos con éxito, por suerte, otros no como el último en Bolivia contra Evo Morales y otro en Venezuela contra Chávez, dónde, ¡qué casualidad!, el terrorista Luis Posada Carriles fue implicado, el hombre protegido por la banda de delincuentes que viven en Miami) lo demuestran, se sabe que son pagados por el fascismo imperialista norteamericano. 

Creo que es una lucha ancestral, entre el bien y el mal, lo positivo y lo negativo, que puede llevar desafortunadamente a la autodestrucción del planeta, porque el mal, (los yanquis), no puede perder, esta palabra no existe en su diccionario y su aparición podría remover su equilibrio psíquico al punto de hacerle cometer la locura de apretar aquel botón rojo que representa el ataque nuclear, factor desencadenante de una tercera guerra mundial. 

Yo sé que estos razonamientos casi se están moviendo sobre un plano religioso pero la fuerza de San Ernesto de La Higuera deja perplejos hasta a los ateos. 

Y no es sólo una figura que puede parecer inmortal por la religión católica, si observamos su vida desde un punto de vista budista, su muerte tan prematura lo pone sobre el plan de las personas que con un karma muy transcendente tienen que abandonar precozmente el planeta Tierra para pasar a ser un ejemplo a seguir (y aquí creo que también los más ateos puedan estar de acuerdo) y, siempre para los budistas, su energía vital, después de la muerte del cuerpo, no morirá hasta que haya una sola persona que lo recuerde. 

Y puesto que afortunatamente somos muchos los que reconocemos sus calidades, que tratamos de defender su honestidad política (como él mismo afirmó “La revolución se lleva en el corazón no en la boca para vivir de ella”), tenemos que continuar leyendo sus escritos y luchando para llevarlos a la práctica, porque el Che no nos abandonó, está a nuestro lado y es el guía de nuestros pasos, no debemos decepcionarlo, no podemos despreciar su sacrificio extremo. 

Hay momentos de desaliento en que él nos hace mucha falta, quisiámos escuchar su voz que nos dijera cuál es el camino mejor para vencer al enemigo, porque todo parece imposible. 

Y entonces nos concentramos en su fuerza infinita, absorbemos su determinación cuando afrontó la muerte sin pestañear, mirando fijo a los ojos de su verdugo: “Sé que ha venido a matarme. - ¡Póngase sereno y apunte bien! ¡Va a matar a un hombre!”. En este preciso momento ha hecho otro milagro, una vez más nos demuestra su “simple” tamaño, porque ha sabido transformar la muerte en un himno a la vida, que nadie podrá apagar.  

¡El Che debería volver a nacer, tenemos tremenda necesidad de su persona!!!!     

 

 

 

 

*l'autora es la responsable de la página web de Prensa Latina 

16/06/2009 00:44 Ida Garberi Enlace permanente. sin tema

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