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Rafael Correa: En América del Sur somos víctimas del gobierno colombiano

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Ida Garberi * 
 
 
“El viejo luchador, Eloy Alfaro, decía algo que creemos debe ser invocado ahora, en este tiempo en el que la Revolución Ciudadana se hace carne en cada ecuatoriano: cuando un pueblo despierta, cada palabra es una esperanza, cada paso es una victoria”.
Rafael Correa 
 
 
En la reunión de la Unión de las Naciones Suramericanas (UNASUR) del 28 de agosto de 2009, ocurió algo inesperado, casi, por una alquimia imprevista, los 12 gobernantes de los países miembros (Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, Guyana, Paraguay, Perú, Suriname, Uruguay y Venezuela) firmaron una declaración donde ratifican que América del Sur es una zona de paz, dónde la mutua confianza no puede permitir que la instalación de bases militares extranjeras amenace la integridad y la soberanía de cualquiera nación suramericana. 
Quizás no todos saben que UNASUR comprende bien 386.529.000 millones de personas (dato del 2008). 
Al dirigir la reunión, fue el presidente pro tempore de la asociación, Rafael Correa Delgado, presidente de la nación ecuatoriana. 
Es verdad que, como afirmó Evo Morales, presidente boliviano, todo fue positivo, a pesar de que antes de la reunión parecía que allí había una profunda división entre ciertos presidentes, pero al final, todos aceptaron la declaración. 
¿Pero por qué los presidentes de 12 países de la América del Sur tuvieron que reunirse y decretar la no conformidad hacia la actuación del gobierno colombiano? Porque este gobierno, en la persona de Álvaro Uribe cedió siete bases militares a los yanquis. 
El valiente presidente Correa rechazó duramente el hecho de que, una vez más, tienen que ser los norteamericanos lo que deciden la suerte de uno de los continentes más ricos en recursos naturales, amenazando y asediando los gobiernos progresistas que no obedecen ya a sus órdenes, que no aceptan ser una colonia por más tiempo. 
Correa presentó un interesante expediente sobre la situación de las fronteras con Colombia, donde Ecuador tiene empeñados a 1500 hombres de un operativo especial, más 10000 militares que existen desde hace tiempo en la zona para combatir el narcotráfico, los paramilitares y los efectivos de la guerrilla colombianos, que buscan refugio en el vecino país. Con la excusa de ayudar el gobierno colombiano, que no está haciendo en realidad nada para solucionar estos problemas, los yanquis, una vez establecidos en las bases, tendrían el control total sobre el continente. 
En la cumbre del UNASUR, Correa se dirigió a los ciudadanos colombianos y a las ciudadanas colombianas ofreciéndoles asilo político y ayuda en el territorio ecuatoriano, un hecho más único que raro, en un planeta donde prácticamente los países del primer mundo consideran la inmigración un crimen y a los emigrantes carne de matadero, sin ningún derecho a la vida. 
(Y no intentáis protestar contra la ley de seguridad italiana, que trata justo este espinoso tema, de otro modo, nuestro querido Berlusconi se encargará de cerraros la boca sacándoos todos los derechos a la crítica, sobre todo si sois eurodiputados de la comunidad europea y “el pequeño hombre” amenazará con parar los trabajos del mismo parlamento).   
En cambio Correa creó un ministerio exclusivo para emigrantes, exiliados de la pobreza, y este proyecto se dedica a ayudar a los desterrados para regresar a su patria de origen, con financiamientos para la adquisición de una nueva casa y facilidades para encontrar trabajo. 
Este presidente ecuatoriano es justamente sui generis, no hace nada de lo que los países ricos quisieran de su patio trasero. 
Volviendo al tema, ¿pero por qué el presidente Correa pudo librarse de la base militar norteamericana de Manta y logró mandar a casa a los intrusos?
Porque es un presidente digno, que defiende la soberanía de su pueblo y, como afirmó en su discurso de posesión del 10 agosto del 2009, “nosotros, los hombres libres, venceremos a los agenciosos recaderos del imperialismo”. 
No quisiera equivocarme, pero aquí el recadero de los Estados Unidos es el propio Uribe, que no puede hacer otra cosa que obedecer a los dueños de su suerte: como Attilio Boron escribe en uno de sus últimos artículos, “El espejo de Uribe”, los EE.UU. desde el 1991 están construyendo un expediente infernal, donde son transcritas todas las gamberradas del “pequeño” delincuente, que demuestran su connivencia con los paramilitares y el narcotráfico. 
En el 2004 el Archivo general de la seguridad de los Estados Unidos dio a conocer un documento que demuestra la complicidad de Uribe con uno de los más grandes narcotraficantes de la historia de Colombia (y quizás del mundo): Pablo Escobar, jefe del cártel de Medellín. 
El expediente se puede ver en esta dirección: 
http://www.gwu.edu/~nsarchiv/NSAEBB/NSAEBB131/dia910923.pdf 
Los EE.UU. harán bailar su marioneta mientran piensen que sea útil y luego, a lo mejor la tirarán, sacando el as de la manga con las acusaciones de narcotráfico y la condenarán a cadena perpetua, callándola para siempre, como ya le ocurió a Noriega, ex presidente panameño. 
Desafortunadamente yo no tengo la receta para saber cómo se podrá neutralizar este peligro latente de ataque militar norteamericano, que provocaría una tercera guerra mundial: además la crisis financiera no nos ayuda, los yanquis ya demonstraron dos veces que quieren solucionarla en un baño de sangre. 
Personalmente creo que la esperanza debería llegarnos de la fuerza del pueblo hondureño, que está resistiendo pacíficamente hace más de dos meses al golpe de estado, que le robó a su legítimo presidente Zelaya; de la voluntad de la esposa del presidente democraticamente electo y de su hija, que saben conducir la nación a la resistencia desde el corazón del país. 
No creo que en América Latina se pueda establecer a otro Pinochet, como Miguel D’Escoto afirmó en La Habana, porque los pueblos del continente saben bien lo que representan la oligarquía y la derecha capitalista, que siempre serán antidemocráticas, dispuestas a matar presidentes honestos y “antipueblo”. 
El sacerdote D’Escoto afirmó que le pide a Dios que le pueda dar fuerza y ánimo al presidente Obama para obrar el cambio que tanto prometió, y nos saque de la duda, que ya es casi una certeza, que tras el golpe en Honduras se esconde la “Mano Pachona” (espiritu maligno) del imperio.  
  
 *la autora es la responsable del sitio web en italiano de Prensa Latina 
 
 

03/09/2009 17:02 Ida Garberi Enlace permanente. sin tema

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